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“En la obra de Maties hay
tres elementos fundamentales de la tradición histórica primero
española, después europea y por último universal, que confluyen
en su obra.
De
la tradición española hay, que Maties parte del cubismo sintético
pero, claro está, el cubismo sintético es un movimiento pictórico
que se termina exactamente en 1921 como movimiento, aunque Picasso
siga haciendo algún cuadro cubista sintético en los cinco años
siguientes. Entonces, todos los pintores que parten
del cubismo sintético no pueden volver a hacer lo que ya han hecho
los precursores, sino que tienen que hacerlo de una manera nueva y
original, y en los cuadros que podeis ver aqui se coge la esencia de
la organización volumétrica del cubismo sintético, y nada más.
Se coge lo que fué su esencia para unirla a otras cosas.
La segunda característica
histórica de la pintura de Maties es lo que hay en él de inserción
en el fauvismo catalán, porque no se puede olvidar que si Cataluña
ha expresado su alma propia en la pintura del siglo XX, ha sido
a través de un fauvismo, que le llamamos así porque la tendencia
se definió con una palabra francesa, y el fauvismo catalán, aunque
tenga la alegría de color del fauvismo francés, es totalmente
diferente porque sus colores son muchísimo más entonados, como
una cosa de "seny" catalán que los hace menos violentos
y que además es tan constante de la pintura catalana de nuestro
siglo, que se encuentra por igual en Sunyer, como en ese genio
de la pintura del siglo, casi tan grande como Vázquez Díaz, que
fué casi desconocido fuera de Cataluña, Jaume Mercadé, a quien
querías mucho, por cierto.
Y queda la tercera característica.
Si la primera, el cubismo, es totalmente española, y la segunda, el
fauvismo internacional en todo el ámbito de occidente, pero con
variantes muy netas en Argentina y en Cataluña, en el resto de España
no, porque el fauvismo de Benjamín Palencia lo que tiene de
“fauve” es francés aunque sea muy español en su temática y en
su expresión.
La tercera es universal.
Es el grafismo alado de progenie oriental, eso que los europeos
casi nunca hemos sabido interpretar, que se dá en la mejor pintura
de China, Corea, Japón, Tibet y Nepal. Eso, que es una manera
diferente de ordenar el espacio, más plano que buscando la tercera
dimensión, y además con unas perspectivas que pueden ser múltiples,
no desde un solo punto de vista, sino de varios. Muy pocos pintores
europeos lo han captado en lo esencial, y Maties Palau Ferré,
que hasta pinta a veces con tinta china, es uno de los pocos.
Claro, también Matisse, es indudable, y algunos europeos más que
lo han hecho, incluso a veces Sunyer, pero de otra manera. Porque
lo fundamental en un artista no es las fuentes de donde procede,
sino cómo las utiliza y cómo las sintetiza para manifestar su
propia alma, y entonces con artistas que parten en el orden estilístico
de las mismas fuentes salen obras totalmente diferentes y además,
como Matisse y como Maties –son dos “Mat” pero bueno—creen en
la vida, y en orden que en el mundo no sólo hay suciedad, bondad
también, sino que hay también alegría de vivir y que el hombre
es un ser desfalleciente, que es verdad, puede caer en lo peor,
pero también puede alcanzar lo mejor, como sigue creyendo en todo
ello, hace con esos elementos y una perfección técnica total,
en su síntesis una pintura al servicio de la construcción y no
una pintura desmitificadora al servicio de la destrucción.”
Carlos
Areán
Primer
Premio Internacional de Investigación e Historia del Arte, Buenos
Aires, 1980.
Director
del Museo de Arte Contemporáneo 1974-78.
Fragmento
del discurso pronunciado en el homenaje tributado a Palau Ferré en
Madrid, en Febrero de 1984.
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